Los padres (ausentes) de los cuentos tradicionales

El padre de Blancanieves es un noble muy ocupado. Cuando murió su mujer, se casó inmediatamente porque no estaba él para ejercer de amo de casa o para ocuparse de su hija. Aparece poco por casa, pero tampoco se le echa de menos. Cuando llega, da mucho trabajo (es desordenado, un poco sucio y siempre está por el medio preguntando: «¿qué hago?»).

El padre de Cenicienta está siempre en casa, y solo se levanta del sofá para ir al baño. Él dice que es un intelectual y necesita pensar. Pero la madrastra sospecha que en realidad se escaquea de hacer las cosas, porque cuando juegan juntos al Trivial no acierta ni una pregunta. Así que tan listo, tan listo, no es.

El padre de Hänsel y Gretel siempre se está quejando porque le gustaría ser noble y rico, y tener muchas, muchísimas cosas. Se queja mucho de sus hijos, a todas horas. Es por esto que la madrastra idea un plan con los niños para que estos escapen. Pero a las criaturas siempre se les olvida algo en casa y tienen que volver.


El padre de los tres cerditos es activista en una ONG que libera a los cerdos atrapados en las grandes naves de las empresas cárnicas. Los tres cerditos no han visto nunca su cara, porque prefiere mantenerse en el anonimato para evitar denuncias que podrían ponerlo en peligro.

El padre de las siete cabritillas quiere convertirse en un músico famoso, por eso siempre está persiguiendo a los músicos de Bremen, o encerrado llorando en su sala de ensayo. Un día, la madre de las cabritillas se cansó de escucharlo y lo mandó a freír morcillas. Bastante tiene ella con cuidar de siete hijas.

 

 

Érase una (y otra) vez. Lo que nunca te contaron en los cuentos clásicos, de Lucía Serrano.

 

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